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TEORIZAMOS

  • El territorio de la materia y el relato: Un relevamiento de la escena local Alejandro Zoratti Calvi​

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COLABORACIONES

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​Abrimos este espacio a artistas, investigadores, gestores interesados en producir teoría y registro sobre la práctica artística contemporánea. Si tenés un texto original, un ensayo o un fragmento de investigación que desees publicar en este apartado, envianos tu propuesta por correo electrónico.

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    • necesario: una breve biografía (máximo 5 líneas)

    • opcional: una imagen en alta resolución que dialogue con el contenido (imagen propia original).

Dirección de envío: perceptoarte@gmail.com

Todas las propuestas pasarán por un proceso de lectura y selección para asegurar la coherencia conceptual con la línea editorial de la galería.

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Al revisar las respuestas, se pueden identificar las siguientes apreciaciones:

1. La primacía de lo expresivo sobre lo textual

Existe un consenso mayoritario sobre los requisitos de exhibición: la "potencia del impacto emocional o expresivo" se sitúa por encima del acabado técnico o el sustento textual. Esto sugiere que, en nuestra región, la validación artística sigue pasando primordialmente por la sensibilidad directa. Si sumamos a esto el valor otorgado al equilibrio entre teoría y técnica, alcanzamos un 71,4 % de los encuestados que busca una obra integral, aunque el peso final siempre recaiga en la potencia de la imagen.

2. La clínica como guía, no como eje

Un dato revelador es que la mayoría de los artistas utiliza las clínicas de obra meramente como una "guía de consulta". Se observa una resistencia marcada a que el pensamiento crítico o la teoría externa "contaminen" la resolución material. La independencia estética se defiende como un bastión, manteniendo la teoría en la periferia del proceso creativo.

 

Los datos cruzados de la encuesta revelan un fenómeno generacional y de oficio determinante: existe una correlación directa entre la trayectoria y la renuncia a la validación externa. No se registraron artistas con menos de cinco años de práctica que prescindan de la aprobación institucional; por el contrario, la autonomía —esa decisión de producir sin esperar el aval del salón o la beca— se concentra casi exclusivamente en quienes superan los 15 años de oficio. Esto sugiere que la independencia no es una postura inicial, sino un estadio de madurez al que se llega tras agotar las instancias de validación tradicionales.

Al cierre del relevamiento, las observaciones particulares de los participantes permitieron identificar cuatro ejes de tensión que atraviesan la subjetividad del artista local:

  • La asfixia espacial y política: Se denuncia una falta crítica de espacios de exhibición, agravada por una ausencia sistémica de políticas culturales por parte del Estado Municipal, lo que profundiza la sensación de orfandad institucional.

  • La trampa de los criterios estéticos: Se percibe una contradicción: mientras el impulso creativo empuja hacia la experimentación material y constructiva, los criterios de validación siguen anclados en parámetros tradicionales. Esta brecha impide que la teoría local logre renovar los criterios estéticos, quedando atrapada en moldes del pasado.

  • El dilema del amateurismo: Aparece una visión dual sobre el concepto de "amateur". Por un lado, se lo vive como un estigma que resta profesionalismo; por otro, se lo reivindica como un refugio de libertad creativa que permite esquivar las dinámicas endogámicas de los grupos de poder establecidos.

  • La libertad frente a la pertenencia: Existe un deseo latente de producir sin la necesidad de pertenecer a círculos cerrados, buscando una práctica que, aunque marginal, sea honesta consigo misma.

 

Conclusión: El desafío de habitar el silencio

Si retomamos aquella escena con la que se inició este ensayo, comprendemos que el problema de la "guitarreada" no es un error individual, sino un síntoma de una cultura que le teme al vacío. En un mundo donde el algoritmo ya decidió que el arte es ruido de fondo y donde la Aesthetic Fatigue ha reducido nuestra atención a seis segundos, la respuesta de la escena local ha sido polarizarse: o refugiarse en la seguridad del oficio mudo, o intentar sobre-explicar la obra con un léxico de pertenencia que nadie está realmente escuchando.

El relevamiento de estos 56 artistas nos deja una hoja de ruta desafiante:

  1. La autonomía es el nuevo estándar: El hecho de que los artistas con más de 15 años de trayectoria hayan renunciado a la validación institucional no es un signo de derrota, sino de emancipación. En una ciudad con "asfixia espacial" y ausencia de políticas claras, la profesionalización hoy pasa por la autogestión. El artista marplatense ya no espera que lo descubran, construye su propio centro.

  2. Hacia una Teoría de Territorio: Los datos muestran una resistencia a la "contaminación" teórica externa. Esto no es ignorancia, es protección. La escena local reclama una teoría que no sea un traje alquilado de Buenos Aires o del mercado global, sino un pensamiento que nazca de la potencia expresiva y la física del material. Necesitamos dejar de importar discursos para empezar a traducir nuestra propia materia.

  3. Superar el "Choque de Trenes": La división entre el "humo" contemporáneo y lo "viejo" tradicional es una trampa que nos mantiene en la marginalidad estadística del 2%. La verdadera vanguardia en Mar del Plata será aquella que logre reconciliar la honestidad del oficio con la densidad de la idea. Una obra que no necesite una "guitarra" para sostenerse, pero que tampoco se agote en su propia técnica.

En última instancia, a nadie le importa el arte, hasta que el arte logra que algo importe. En una era de imágenes generadas por máquinas en segundos, el valor de nuestra producción local reside en aquello que la IA no puede replicar: el compromiso de un artista que decide producir a pesar del desinterés global. El artista persiste porque tiene cosas para decir; porque posee un lenguaje propio capaz de nombrar el mundo de modos nuevos, rescatando al objeto del vacío y devolviéndole su derecho a significar. Y porque sabe que el arte lo cambia todo. El futuro de nuestra escena no depende de ganar la batalla por la atención contra una industria del entretenimiento de miles de millones de dólares, sino de crear espacios de resistencia contemplativa. Menos ruido curatorial, más rigor material. Menos pertenencia endogámica, más honestidad intelectual.

Solo así, cuando alguien nos susurre al oído frente a una obra, ya no será para notar que "le falta la guitarra", sino para reconocer que, finalmente, la materia ha vuelto a hablar por sí misma.

 

Alejandro Zoratti Calvi

Mar del Plata, abril de 2026

Introducción

Quiero iniciar este breve ensayo relatando un hecho reciente que funciona como la metáfora perfecta de una realidad silenciosa, no solo en nuestra comunidad local, sino en la escena artística global. Omitiré nombres por respeto a la privacidad y porque, en última instancia, las identidades son irrelevantes frente al síntoma que representan.

Hace apenas una semana fui invitado a un recorrido guiado previo a la inauguración de una muestra de arte contemporáneo en uno de los espacios institucionales más importantes de nuestra ciudad. El grupo, numeroso y expectante, estaba conformado exclusivamente por personas vinculadas a la actividad artística local. Mientras la curadora conducía el recorrido explicando cada pieza con un entusiasmo que, en ocasiones, no terminaba de hacer pie, un artista del grupo se me acercó y, con una mezcla de ironía y hartazgo, me susurró al oído: “Solo le falta la guitarra”.

Le devolví una sonrisa instintiva, de esas que nacen más de la incomodidad y el compromiso que de la plena coincidencia. Lo conozco y no quería rechazar su comentario de forma tajante en ese contexto, pero sentí una vergüenza inmediata. Mi gesto fue un intento de equilibrio: no quería entrar en una discusión en medio del evento, pero en el fondo, no podía evitar comprender su posición. Aunque sus palabras fueron dichas con la complicidad de lo cercano, creo que su voz resonó con la fuerza de una sentencia que otros, seguramente, también escucharon. En ese momento preferí el silencio para no interrumpir el evento, pero la frase se quedó instalada en el aire. Comprendí su posición: la mayoría de las obras en la sala eran sólidas y hablaban por sí mismas, pero el relato curatorial era tan subjetivo y forzado que fracasaba en su intento de traducción. Era, en definitiva, una teoría de superficie, un discurso que, lejos de iluminar la obra, parecía un espectáculo aparte, una puesta en escena que trataba de explicar lo que no necesitaba explicación o, peor aún, lo que el discurso mismo no alcanzaba a asir.

Esa 'guitarreada' curatorial, ese ruido entre la materia y el relato, no es un hecho aislado en una sala de Mar del Plata. Es el síntoma de un divorcio global. Mientras nos perdemos en subjetividades que no logran explicar ni la obra más sólida, el mundo exterior nos está enviando señales de un desinterés sistémico que las estadísticas ya no pueden ocultar.

 

Por otra parte, debemos ser conscientes de que analizar la escena artística local no es una operación matemática: el objeto de estudio y sus hacedores poseen una naturaleza esquiva y en constante mutación. Sin embargo, este ensayo se propone como un ejercicio para pensar nuestro territorio no solo como una suma de expresiones visuales, sino como un síntoma y un modo de procesar el mundo que habitamos.


A nadie le importa el arte

Empecemos por ahí. Puede que suene fuerte de entrada, pero mientras nos desvelamos por una inauguración, el mundo ha decidido que somos ruido de fondo. El algoritmo nos ha derrotado mucho antes de que colguemos el primer cuadro.

Esta es, quizás, la conclusión más cruda y honesta que subyace en todo relevamiento: el sentimiento de que, fuera de ciertas burbujas endogámicas, existe un vacío absoluto de interés. Es el golpe de realidad que desarma tanto al hacedor del “oficio” como al de la “pertenencia”. Porque si a la sociedad no le importa, las dos grandes columnas sobre las que nos apoyamos se desmoronan:

  • El estatus del artista de oficio se vuelve irrelevante: ¿De qué sirve la perfección técnica o expresiva si nadie se detiene a mirar el objeto? Sin un observador que lo aprecie, la destreza se vuelve una práctica solitaria y melancólica; una técnica que ya no dialoga con el presente, sino que se refugia en el pasado.

  • El discurso del artista joven se vuelve inútil: ¿Para qué forzar una teoría compleja si no hay un interlocutor dispuesto a descifrarla? El statement termina siendo un monólogo en una sala vacía o con amigos que tampoco escuchan demasiado.

Esta apatía no es una casualidad local, es un fenómeno sistémico que se traduce en Aesthetic Fatigue. El espectador contemporáneo está tan saturado de estímulos visuales que su capacidad de asombro se ha atrofiado. Frente a un mundo que consume imágenes a una velocidad vertiginosa, el arte ha dejado de ser una necesidad para convertirse en un trámite de seis segundos.

Radiografía del desinterés: Datos globales y fatiga sistémica

Los informes de 2025 y principios de 2026 sobre patrones de apreciación confirman un cambio de paradigma: hemos transitado de la apreciación reflexiva —aquella que requiere tiempo y densidad teórica— hacia un consumo visual instantáneo. Hoy, el público prefiere el scroll de obras en redes sociales antes que la experiencia física de la galería. No es solo un problema de interés, es un problema fisiológico.

La Aesthetic Fatigue (Fatiga Estética) ha reducido nuestra capacidad de contemplación a niveles mínimos. En 2026, el promedio de atención frente a una obra física es de apenas 6 segundos, mientras que el 98% de los espectadores es incapaz de sostener la mirada más allá de los 12 segundos. Estamos educando al ojo para el desplazamiento infinito, no para la profundidad. Argentina -que se encuentra entre los 22 países que superan las tres horas diarias de uso intensivo de redes sociales- ofrece un público que llega a las salas con el sistema visual ya "quemado". En este contexto, esperar que alguien se detenga a desentrañar la materia o la teoría de una obra es, estadísticamente, una batalla perdida.

Si analizamos el Year in Search de Google, el panorama es elocuente: los términos dominantes no pertenecen a la plástica, sino a la IA Generativa, los Deportes y el Gaming. La fascinación por cómo una inteligencia artificial genera una imagen ha desplazado el interés por la investigación material del artista. Mientras el artista tradicional ve en esto una amenaza a la "honestidad del oficio", el volumen de búsquedas sobre videojuegos o fútbol supera por miles de veces a cualquier consulta sobre teoría estética.

El comportamiento de búsqueda ha evolucionado hacia la respuesta rápida: ya no se investiga, se pide una síntesis. Esto mata la curiosidad crítica: si la respuesta está a un click, ¿quién se va a sentar a leer un tratado sobre la geometría en el arte?

Estos datos globales confirman que el diagnóstico local no es un caso aislado, pero en una ciudad como Mar del Plata la herida se siente más profunda. Somos un microcosmos de un mundo que ha decidido que la materia es un objeto de consumo rápido y la teoría, un ruido molesto que quita tiempo para el próximo video de 15 segundos. El artista de oficio compite hoy contra una máquina que entrega "perfección técnica" en segundos, mientras que el artista joven, a menudo, replica discursos vacíos sabiendo que nadie acudirá a la fuente original para verificar su sentido.

Caída Libre

La crisis de la curiosidad se manifiesta en un desplome estadístico sin precedentes: durante 2025, el tráfico global desde Google hacia sitios de editores y revistas de arte sufrió una caída del -33%, una tendencia que promete profundizarse hacia finales de 2026. Este fenómeno revela que el público ha renunciado a la investigación profunda en favor del consumo inmediato, un cambio de hábito respaldado por el aumento del 70% en búsquedas del tipo "Cuéntame sobre...".

Estas cifras exponen una realidad ineludible: el usuario contemporáneo prefiere una narrativa masticada y simplificada por la inteligencia artificial antes que enfrentarse a la complejidad de un texto crítico o un sustento teórico original. Estamos ante el fin de la investigación como acto de voluntad. Si el espectador ya no entra a los sitios de referencia, el artista que intenta sostener su obra con un texto denso está escribiendo para un fantasma.

En este escenario de "caída libre", el discurso artístico se vuelve una pieza de contenido más, compitiendo en desventaja contra algoritmos diseñados para la gratificación instantánea. La teoría, que debería ser el puente entre la obra y el mundo, se ha convertido en un obstáculo que el público prefiere saltar mediante una síntesis generada por una máquina.

La escala del desinterés: Mercado vs. Espectáculo

Si comparamos los mercados para este 2026, los datos son abrumadores y revelan una desproporción sistémica. Según proyecciones de Fortune Business Insights y Mordor Intelligence, mientras la industria de los videojuegos moviliza 282.000 millones de dólares, el arte digital apenas alcanza los 6.690 millones. Esta brecha indica que la inversión de tiempo y capital del usuario contemporáneo no está en la contemplación, sino en la interacción lúdica y tecnológica.

La marginalidad de nuestra práctica no es solo estética, es estadística. En el mercado global de arte original, Sudamérica apenas logra capturar entre el 1% y el 2% de las transacciones (concentradas mayoritariamente en Brasil). Somos una doble periferia que produce para sí misma, desconectada de los flujos de capital y de validación internacional. Mientras en el circuito local discutimos sobre la "pureza" del oficio o la "novedad" de un experimento, el mercado global —el que otorga estatus y sostenibilidad económica— ocurre en otro idioma y en otros continentes, ignorando casi por completo nuestra existencia.

Esta desconexión se agrava con el desplazamiento de la atención hacia lo efímero. Se ha constatado un crecimiento del 20% en eventos que hibridan lo visual con el espectáculo (como los Candlelight Concerts). Al público actual le interesa la "experiencia instagrameable", no la contemplación silenciosa de la materia o la profundidad del sustento teórico. Con 6.000 millones de usuarios accediendo a la red mayoritariamente por dispositivos móviles, la obra de arte queda condenada a ser un cuadrado de pocos píxeles que se consume en menos de dos segundos de scroll.

Finalmente, el mercado de reproducciones decorativas lanza una advertencia devastadora para el artista de oficio: este sector es hoy ocho veces mayor que el del arte original. Sudamérica representa apenas el 2,66% de esta actividad global, confirmando que nuestra región opera en los márgenes de una industria masiva y tecnificada. La excelencia técnica del artista hoy compite contra una maquinaria que produce con mayor velocidad y menor costo, satisfaciendo a un público cuya prioridad no es la autoría ni el sentido, sino simplemente cubrir un hueco en la pared. Es la validación de una disociación terminal: el mercado masivo ha separado la destreza manual del valor artístico, reduciendo la obra a un componente funcional del mobiliario.

El diagnóstico del territorio: Oficio vs. Pertenencia

¿Qué nos dicen estos números? La respuesta es una triple advertencia:

  • Al artista de oficio: El mercado de la "reproducción" es gigantesco, pero no es un mercado de arte; es un mercado de muebles. Su estatus compite contra láminas industriales que cumplen la misma función decorativa en un living.

  • Al artista joven: Su experimento compite por la atención contra una industria del gaming y experiencias inmersivas con presupuestos de 282.000 millones de dólares.

  • A la teoría: Si el tráfico de búsqueda bajó un tercio, nadie está leyendo el sustento de las obras.

La premisa es incómoda: a nadie le importa el arte que requiere esfuerzo, silencio o un marco teórico. Lo que importa en 2026 es lo inmediato, lo nostálgico y lo participativo. Si aceptamos esto, el problema de la falta de teoría toma otra dimensión: no es solo falta de formación, es que no hay demanda de pensamiento. Si al público no le importa el arte, tampoco le importa que este tenga sentido o esté bien construido.

Entre un "Océano" de Talleres y “Lagos” de Pertenencia

Si cruzamos la oferta de formación en Mar del Plata, mapeamos un silencioso "choque de trenes" entre dos modelos aislados:

  1. La Masa Crítica del Oficio: Una red de incontables talleres dispersos por todos los barrios que se centra principalmente en la física del material. Es una maquinaria que satura la ciudad de objetos (cerámica, grabado, fotografía, realismo del dibujo y la pintura) pero donde la teoría es inexistente. Se enseña el cómo, pero jamás se cuestiona el porqué, consolidando una producción de piezas que carecen de correlato en la producción de ideas.

  2. Los Laboratorios de Pertenencia: En el extremo opuesto, núcleos clínicos priorizan la gestión y el discurso sobre el oficio. Aquí la teoría se adopta por ósmosis: el artista usa el léxico del arte global como una "contraseña" para pertenecer, priorizando el "sonar contemporáneo" por sobre la profundidad reflexiva. Es una escena tan experimental como endogámica.

Esta polarización genera una ciudad dividida entre "objetos sin discurso" y "discursos sin objeto". Mientras el artista de trayectoria tiene cierta validación del mercado local (vende cuadros para decoración), el artista joven busca la validación simbólica (becas, visibilidad en redes, clínicas). No hay un punto medio; no hay una teoría crítica aplicada al oficio.

El resultado es un sistema de prejuicios cruzados: los artistas de oficio ven en lo contemporáneo un "humo forzado" sin destreza real, mientras los jóvenes imponen el estigma de "lo viejo", desestimando la perfección técnica como algo meramente aburrido o comercial. Lo que ambos sectores ignoran es que habitan nichos igual de herméticos: uno encerrado en las paredes de la tradición y el otro en las de la moda conceptual.

Resultados del relevamiento y conclusiones: La voz del territorio

El trabajo de campo, realizado mediante una encuesta anónima digital activa en línea entre el 1 y el 10 de abril de 2026, logró una muestra de 56 artistas. Los resultados no solo confirman las tensiones analizadas, sino que dibujan una cartografía precisa de nuestra subjetividad creativa:

El territorio de la materia y el relato: Un relevamiento de la escena local

Espacio de Diálogo y Reflexión

Este ensayo no pretende ser una última palabra, sino el inicio de una conversación necesaria para nuestra escena. Si deseas sumar tu perspectiva, reflexión o disenso, te invitamos a hacerlo a través del siguiente formulario. Con el fin de garantizar la honestidad intelectual y el respeto por el oficio, solo se recibirán y publicarán contribuciones identificadas con nombre y apellido reales. En este espacio, valoramos la palabra que se sostiene con el cuerpo; las opiniones anónimas o bajo seudónimos no serán consideradas, priorizando así un debate a la altura del rigor que nuestra práctica exige.

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